5 Razones cruciales por las que el castigo físico es una manera terrible de criar a un niño (Y 5 métodos que funcionan mejor)

El castigo físico es un método común que se emplea para “educar” a niños malcriados o desobedientes: al menos, 4 de cada 5 padres lo hacen y 9 de cada 10 veces, es una mujer, ya sea su madre o una cuidadora. Algunos no dudan en darles azotes a sus hijos y los más desesperados utilizan cualquier cosa que tengan a mano, como un cinturón. Pero a pesar de que piensan que están poniendo a sus hijos en el camino correcto y creen que sus acciones son inofensivas, al final, las investigaciones demuestran que no solo son perjudiciales, sino que no funcionan.

1. No funciona y empeora las cosas.

Es cierto, los niños pueden ser agresivos y la paciencia de los padres tiene sus límites, pero cuando estos recurren a los azotes no se logra nada. Las investigaciones revelan que la violencia no funciona a largo plazo como método para disciplinar a un niño, porque necesitan interiorizar las causas de su mal comportamiento. En otras palabras, los niños necesitan entender; requieren de una explicación de por qué la manera en la que se comportan no es la adecuada. La violencia es solo una forma rápida de detener las acciones del niño.

2. Es el camino para convertirse en un padre abusador con un niño maltratado

Las investigaciones revelan que la mayoría de los casos de abuso infantil comenzaron con unos azotes. Dado que los castigos físicos no funcionan, los padres generalmente aumentan la cantidad de fuerza empleada cada vez que su hijo no se comporta como debería. En cada ocasión, esperan que el castigo físico tenga un efecto disciplinario permanente, pero eso nunca sucederá. Como resultado, aumentan el uso de la fuerza y, al final, terminan abusando de sus hijos de una forma que nunca se llegaron a imaginar antes.

3. La violencia alimenta a un futuro agresor

Los niños que fueron castigados físicamente durante su infancia son más propensos a emplear la violencia contra sus propios hijos y compañeros. Incluso tienen un mayor riesgo de convertirse en delincuentes ante las autoridades. Y esto no resulta extraño, las palabras de los padres pueden persuadir a los niños, pero su ejemplo tiene un impacto mucho mayor en ellos. Si una mamá o un papá recurre a una bofetada para resolver un conflicto, eso es lo que el niño aprenderá y hará.

4. Los niños pueden comenzar a sufrir depresión

Si tu pareja te golpeara, ¿seguirías creyendo que te quiere? Difícilmente, y lo mismo sucede con un niño. Los más pequeños comienzan a tener dudas sobre el amor de sus padres y madres en el momento en que les imponen castigos físicos. Dado que la vida de un niño gira en torno a sus padres, comienzan a sentir completamente que no los aman y pueden empezar a sufrir depresión. Esto afecta al proceso de socialización de los niños y los frustra.

5. Literalmente, hace enfermar a los niños

Solo por presenciar constantemente la violencia, un niño alcanza niveles de estrés que deterioran su sistema inmunológico. Enfrentarse de manera regular a castigos físicos tiene un efecto todavía mayor, debido a que degenera el sistema inmunológico de tal modo que el niño se vuelve más susceptible a las enfermedades. En los casos en que el niño ya presente problemas de salud, el castigo físico solo los empeora.

Qué puedes hacer en vez del castigo físico, cuando…

Está agotando tu paciencia
Reconsidera tus expectativas y pregúntate si el comportamiento de tu hijo es acorde a su edad y etapa de desarrollo infantil, como lo fue en su momento los interminables “por qué” de los niños de 2 años. Esto puede retrasar tu impulso y ayudarte a reflexionar sobre la situación con una actitud mucho más benevolente.

Le has pedido repetidamente que se comporte bien, pero sigue desobedeciendo
Evita asumir que el niño sabe cuál ha sido su error o a qué te refieres cuando dices “sé bueno”. Sé preciso a la hora de explicar qué está haciendo mal y por qué. Un simple “no pellizques a tu hermano, eso duele”, funcionará.

Tu hijo está a punto de perder el control
Cuando los niños están a punto de perder el control, responder aumentando la tensión tiende a empeorar la situación. Mantén la calma, busca el contacto visual y baja el volumen de tu voz. La calma tiene una poderosa capacidad para hacer un llamamiento a la paz.

Tu hijo tiene una rabieta
Utiliza tu tarjeta de “tiempo de reflexión”. Con calma, lleva a tu hijo a un lugar tranquilo y explícale por qué su comportamiento no es aceptable. Luego dile que puede volver al juego en cuanto se calme y espera durante 2 minutos. Si se retoma la discusión o los gritos, comienza nuevamente la cuenta de los 2 minutos. Es mejor acompañarlo para ayudarlo a calmarse.

Tu hijo, ya no tan pequeño, no quiere hacerte caso
Permite que ocurran las consecuencias de su mala conducta si estás seguro de que estas no le harán daño. Podrá aprender de sus errores. Decirle “te lo dije” ¡está prohibido!

¿Alguna vez has aplicado alguno de estos métodos? ¿Crees que los padres también sufren por haber aplicado un castigo físico a sus hijos? ¡Deja tu opinión en los comentarios!